Pioneros de Siempre

En esa pequeña ciudad ubicada en las estribaciones de la Cordillera de los Andes, perdida en la inmensidad patagónica y como si de golpe fuera salida de un cuento de hadas, nos encontramos con un nombre: JOSÉ MARTÍN.

A veces un nombre, en la ciudad multitudinaria, no reviste significancia y es uno más entre la muchedumbre anónima, pero aquí, en esta latitud sureña, sucede que puede llegar a  sobresalir y representar su auténtico y real valor. La verdadera dimensión de la persona y de lo que es.

Y José Martín fue toda una institución. Una institución de voluntad y trabajo, de esfuerzo pionero, de solidaridad con el prójimo, en una conducta donde a lo largo de su vida privilegió el don de gente, la honestidad, el trabajo y la mano abierta y tendida.

Entonces, como no rescatar esta pequeña historia patagónica de quien, además, compartió desde hace mucho tiempo las esperanzas de esta tierra del carbón con sus marchas y contramarchas.

José Martín llegó a la Patagonia desde la localidad de Belle Ville, de la lejana y central Córdoba, hasta la  ciudad de Comodoro Rivadavia con sus juveniles 25 años, decidiéndose más adelante, en 1950, a radicarse más al sur, precisamente en Río Gallegos, donde allí se establece con una panadería y confitería  que llama “Alberdi”, en esa hermosa profesión  de amasar el primer alimento del hombre: el pan.

Luego y por esas cosas de la vida, que algunos llaman destino,  se trasladó a  Río Turbio donde buscaría concretar sus sueños y esperanzas. Y en ese Río Turbio del ayer, de ese lejano 1957, en esa población minera que daba sus primeros pasos, puso manos a la obra y ladrillo sobre ladrillo, en un terreno desolado ubicado en lo que luego se denominaría  “Barrio Comercial” empezó a levantar el horno de pan a leña de lenga y su pequeño negocio de venta bajo la denominación de “MI RINCÓN”, en el centro de la ciudad que crecía en ilusiones, en el mismo corazón del Río Turbio de hoy.

Más tarde otros comercios, con el transcurrir del tiempo, acompañarían esta iniciativa  privada en los alrededores de la Ciudad que ya se perfilaba.

Fotografía de Julio de 1972Hoy es fácil, con pocas palabras expresar estas cosas y quizás alguien piense que no tienen mayor relevancia, pero debemos ubicarnos en el tiempo. Un Río Turbio perdido en la inmensidad, donde todo estaba por  hacerse, donde la actividad privada prácticamente no existía y hasta era vista con “malos ojos” por algún funcionario. Sin ayuda oficial. Sin saber a ciencia cierta si el “campamento minero” de Yacimientos Carboníferos Fiscales algún día obtendría su tarjeta de ciudad y de futuro.  Y en ese tiempo que relatamos, José Martín  plantó su primer árbol.

El tiempo transcurría entre trabajo y descanso y como suele sucederle a los hombres, un día José Martín se sintió muy solo, se dio cuenta que los días del invierno rioturbiense duraban más de lo previsto para su gusto; que su vida se iniciaba con los primeros reflejos del amanecer y finalizaba muy entrada la noche; trabajo sobre trabajo; y fue justamente en esos momentos de soledad en que pensó  que debía darle una nueva perspectiva a su vida.

En ese mismo instante sus pensamientos se alejaron de Río Turbio, sorteando montañas y distancias para traer como en un sueño la imagen de una joven maestra santiagueña: Leonor Fernández, quien desde el año 1960 compartiría y hasta el final de sus días, los esfuerzos y  sueños del personaje de esta pequeña historia.

José Martín se quedó junto a su compañera en esta población fronteriza; juntos para pelearle a la vida y hacer más dulces los días de sus habitantes con la panadería y confitería “Mi Rincón” de ese Barrio Comercial que nacía.

Cuántos, todavía, recordarán las artísticas y dulces tortas y postres que alguna vez presidieron las mesas de casamientos, cumpleaños o fiestas de los hogares rioturbienses.

Transcurrieron los días, pasaron los años,  sin embargo y hasta el día de su muerte en su querido Río Turbio, José Martín, mantuvo el mismo  entusiasmo de ese primer día que con amor y  trabajo honesto levantó su casa y plantó el árbol.

Y así termina esta pequeña  historia, simple, común,  de un pionero de Río Turbio, que con modestia, como tantos, ayudó a construir con decisión y coraje este Río Turbio que todavía espera su redención con un futuro de grandeza.

Gracias José Martín, amasador de sueños y pan por haber compartido un tiempo de Río Turbio.-*


Comentarios   

#1 Pimy 23-07-2012 20:38
..¡Cuanta emoción en este comentario tan veraz de mis queridos e inolvidables "AMIGOS" Martín y Leonor,fuí para ellos una sobrina postiza,soy la sobrina de Ramón Gonzalez (cabeza de ajo )
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