Pioneros de Siempre

No todas las poblaciones de la provincia de Santa Cruz, por no decir del país, tienen la suerte de tener a escasos metros, en este caso, _donde finaliza la ciudad de Río Turbio_ el acceso a un parque natural con un bosque bellísimo, un arroyo serpenteante que lo acompaña, cerros cubiertos de lengas y senderos verdes y floridos al abrigo del viento que permiten recorrerlo en toda su extensión. Realmente un lugar de ensueño, diríamos casi mágico; al alcance de la mano y sin necesidad de acceder  a un  vehículo para llegar. Nos referimos al bosque de Mina Uno, hoy oficialmente llamado “El Bosque de Duendes”.

b_200px_150px_16777215_00_images_Articulos_pequenas_historias_La_canoa_Un_paseo_por_el_bosque.jpgEs una visita obligada al lugar. De hacerla, seguramente que volverá renovado y con sensaciones que únicamente el contacto directo con la naturaleza las puede brindar.

Encontrándonos una noche en nuestra casa, recibimos la visita de  una amiga docente y que además es vecina del barrio, luego de compartir un café, la charla tomó diversos caminos. Inevitablemente tuvimos que referirnos al clima, ya que en ese mes de octubre el tiempo nos brindó como nunca,  una semana espléndida de pleno sol y escaso viento. Fue en ese momento en que nuestra amiga tomó la palabra diciendo “:…Ayer estuvo tan maravillosa la tarde, que decidí hacer un paseo con  mis alumnos al bosque de Mina Uno…y de paso desarrollaríamos temas relacionados con el programa de enseñanza. Así lo hicimos,  con mucho entusiasmo nos dirigimos al acceso e iniciamos el paseo bordeando el arroyo Santa Flavia con la intención de llegar hasta lo que fue la Mina Uno, lugar que como todos sabemos fue punta de partida de la explotación del carbón del yacimiento Río Turbio en 1943”.

“Los chicos encantados, observaban todos los detalles del lugar  y especialmente el movimiento de las pequeñas aves, pero lo que mas les llamó la atención fue el accionar de un pájaro carpintero que en lo alto de una lenga hacía su trabajo en la búsqueda de larvas e insectos en el carcomido interior del tronco, con el fuerte pico como taladro y su rojo copete siempre en movimiento.”

“El sol tratando de pasar entre las ramas del frondoso bosque producía destellos brillantísimos e irrepetibles sobre la escena teñida de verde.”

b_200px_267px_16777215_00_images_Articulos_pequenas_historias_La_canoa_Canoa_casi_destruida_por_el_tiempo.jpg“En nuestro paseo llegamos a un lugar rocoso y con una senda  hacia la derecha  que se dirige hacia una elevación y como es de imaginar los niños empezaron a desandar el lugar y hacia allá nos dirigimos todos con mucho cuidado por lo accidentado del terreno,… y cual no sería la sorpresa: en una pequeña explanada nos encontramos sobre el suelo con un grueso tronco de lenga, tallado a hacha y con la forma de una canoa sin terminar. Era evidente que se trataba de una rústica embarcación sin concluir. Y allí empezaron las conjeturas: Sí los indios tehuelches habían comenzado el trabajo muchos años atrás y por algún imprevisto lo tuvieron que dejar inconcluso…Sí, lo más lógico me pareció esta explicación…”  nos confidenció la docente.

Yo había escuchado atentamente el relato de nuestra amiga y al tiempo no pude evitar una sonrisa, de pronto, como si hubieran abierto una caja polvorienta los recuerdos de muchos años atrás empezaron a aflorar:…de cuando Río Turbio era una población pequeña y los diarios llegaban con un mes de atraso y no había más que una docena de vehículos particulares; de cuando éramos una gran familia y a nadie se le hubiera ocurrido cerrar en la noche la puerta con llave. Tiempo de amistad y solidaridad. Tiempo feliz, sin duda. Sin buscarlos vinieron a la memoria, como en un desfile, uno atrás de otro, los nombres de Carlos Dantas, Walter Melián, Pablo Badioli, Romualdo Escudero y algunos más, marchando por el medio del bosque de lengas y algunas matas de calafate con un par de hachas y otros elementos de trabajo, además de la imprescindible parrilla, y mucho entusiasmo, con la finalidad de concretar el proyecto. La idea era construir una canoa y navegar desde más abajo del Santa Flavia, que en ese entonces era más caudaloso y no contaminado, llegar al río Turbio y desde allí…quizás Puente Blanco. Fue entonces que la sonrisa se transformó en una sonora carcajada; y luego de la espontánea risa que no pude dominar y que sorprendió a nuestra contertulia, comencé la explicación  ante su gran sorpresa.

Vista del bosque de mina 1“ Sí…fuimos nosotros y no los Tehuelches…! Un grupo de jóvenes inquietos rioturbienses, que ávidos de aventuras decidimos construir la canoa para lo cual derribamos un alto añoso y grueso tronco de lenga con la esperanza de navegar el río Turbio…Para ello trabajamos fuertemente varias tardes de ese verano patagónico, pero luego el ánimo decayó y la canoa proyectada no fue terminada. Testigo de ello fueron las aves del bosque silencioso y casi virgen de aquellos días, que se sobresaltaban por los fuertes y sonoros impactos de las hachas sobre la madera fresca, devueltos por el eco y las consiguientes astillas rojizas de la lenga que saltaban y se acumulaban alrededor nuestro…”

“Allí quedó, sin terminar, a merced del viento y de la nieve en medio del bosque…”

Y todavía lo está, la proyectada canoa, como testigo mudo de un tiempo diferente, en que un grupo de jóvenes, que hace 47 años atrás aspiraron a navegar las aguas del río Turbio con un elemento construido por ellos mismos.*


 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar




Flag Counter