Pioneros de Siempre

Eramos compañeros de trabajo en el Juzgado de Paz de Río Turbio.

Corría el año 1965 y Américo Poblete se desempeñaba como ordenanza,  yo como secretario y el Juzgado  estaba a cargo de Eduardo Sebastián González Guedes, el juez. Posteriormente ingresaría Alberto Mario Saúl en la vacante de escribiente mayor.

En ese entonces era la única instancia judicial en la Localidad y si bien la población era menos numerosa, la actividad que se desarrollaba era intensa ya que se debía atender también los requerimientos de los habitantes de 28 De Noviembre y de los establecimientos ganaderos de la zona rural. Agreguemos que al no existir en el lugar juzgado de primera instancia se diligenciaban los expedientes por delegación remitidos desde Río Gallegos e incluso algunos originados en la justicia federal. Acotemos que del tiempo del que hablamos, para tener la asistencia o asesoramiento de un abogado había que trasladarse a  la Capital de Santa Cruz. Para completar la multiplicidad de funciones digamos también que al no contar con escribano público en la jurisdicción, el Juez de Paz actuaba como tal durante todo el año. Evidentemente, el rol que realizaba el Juzgado era más que importante en la Cuenca.

b_200px_387px_16777215_00_images_Articulos_pequenas_historias_El_Chueco_Poblete.jpgEn ese marco variado trabajaba el “Chueco” Poblete, hijo de una humilde, numerosa y trabajadora familia de Río Turbio proveniente de la localidad de Cholila, provincia de Chubut, que como tantas otras,  un día decidieron emigrar y radicarse en la cuenca carbonífera en la búsqueda de un mejor futuro.

El apodo, como se imaginarán y como sucede con  mucha gente del campo, tenía que ver con su conformación física. Además, era amante de todo lo rural y de realizar paseos a caballo, hasta que un buen día, con el correr de los años, decidió modernizarse y con mucho sacrificio y ahorros adquirió un automóvil.

Américo Poblete era un joven servicial, cumplidor, trabajador y honesto a “carta cabal”. En esos años todavía no había llegado el gas a Río Turbio, en ninguna de sus formas y la calefacción de las oficinas del juzgado se realizaba mediante una estufa de hierro (octogonal) alimentada a carbón, de la misma manera que el agua caliente se obtenía por el paso en una serpentina instalada en el interior de las cocinas de hierro, conocidas por su marca “Tamet”. Como lo saben los pobladores antiguos y los más jóvenes supondrán, tener calefaccionadas las oficinas no era nada fácil y de alguna manera había que tener “alma de fogonero”. Lo cierto es que  “El Chueco”,  mantenía diariamente el Juzgado en perfectas condiciones de higiene y apto para el trabajo que de lunes a viernes se llevaba a cabo con atención de público, pero además era un excelente cebador de mate. Y en verdad, debemos decir que todos, desde el Juez y hasta el mismo ordenanza le hacíamos honor a esta infusión criolla.

En mi vida he conocido mucha gente honesta, pero el “Chueco Poblete”, era la honestidad personificada. Cuando se le requería de una diligencia y para ello se le entregaba algún dinero, por pequeño que fuera el importe, rendía siempre hasta el último centavo, además de la eficiencia. Nunca olvidos o equivocaciones, siempre las cuentas claras. Esta era una de sus virtudes hecha carne, una de las constantes de su personalidad.

El Chueco Poblete tenía, además, un alma simple, transparente, noble, solidaria y sin dobleces; siempre dispuesto a “dar una mano” y por lo mismo apreciado por quienes lo conocieron a lo largo de su corta vida.

En esos días, como lo saben los antiguos pobladores de este lugar, el cine era uno de los mayores entretenimientos, recordemos que en ese entonces no existían radios locales y menos televisión, por eso todas las noches se realizaban proyecciones en el cine que administraba la Cooperativa Río Turbio de Consumo Ltda.; cine que lamentablemente desapareció entre las llamas en años recientes llevándose parte de la historia de esta comunidad. Volviendo a esos lejanos días, diremos que la velada cinematográfica permitía el encuentro de los vecinos y  así en el intervalo entre las dos películas que se exhibían, se tenía un momento de charla y sociabilidad donde se compartía información, novedades sobre la empresa YCF, comentarios sobre el programa cinematográfico, temas políticos; tiempo para comprar alguna golosina en el kiosco del señor Dragutín, o simplemente eran los minutos  en que se fumaba un cigarrillo en el hall. Lo cierto es que asistir a una función del cine, además de la distracción  eran instantes de integración social en la vida de los habitantes de la cuenca carbonífera. Por todo ello, además de la distracción, la velada cinematográfica era muy apreciada por los habitantes de este lugar.

Aquí es válida una anécdota que muestra un perfil de la personalidad del Chueco. Sucedió en una tarde del invierno rioturbiense en el Juzgado.  El Juez comentó que para acortar la noche tenía ganas de ir al cine con su señora María Esther Sánchez, pero que no conocía el programa y como nadie estaba al tanto, le pidió al “Chueco” si en un momento se podía acercar a la sala cinematográfica y preguntarle al encargado sobre las películas que se proyectarían en la noche. Rápido como la luz para las diligencias,  Poblete superó la poca distancia que nos separaba del cine (en esos años el Juzgado funcionaba frente al edificio municipal) y vino con la información:  “-El encargado Diaz dice que el tren llega a las cinco…”. A lo que comenta  González Guedes: “-Por el título el contenido de la película debe tratar de vaqueros en el escenario del lejano oeste…-”, e inmediatamente agrega: “-Me gustan este tipo de películas, así que iré…-”

Al otro día,  ofuscado el  Juez le reclama a Poblete… “-pero que título me diste ayer sobre el programa del cine…? Resultó ser una película romántica…!”. A lo que le contesta El Chueco, rápidamente: “… ´-yo le dije que el encargado me informó que el tren llegaba a la cinco…”-. Claro en ese entonces el material fílmico se remitía desde la ciudad de Río Gallegos en el tren de trocha angosta de YCF, y por el horario, menos de las cinco de la tarde, todavía no había arribado a Río Turbio y por lo mismo el responsable de la sala desconocía el contenido de las películas. La parquedad en el decir hizo a la confusión. “El Chueco” era de pocas palabras.

Los años pasaron y el Juzgado de Río Turbio se renovó en su personal. Al tiempo, Américo Poblete pasó a desempeñarse en el Juzgado de Primera Instancia que ya se había instalado en la Ciudad y allí cumplió funciones de oficial notificador hasta que alcanzó la merecida jubilación.

El Chueco Américo Poblete ya residía en la vecina localidad de 28 De Noviembre y de allí llegó la increíble y trágica noticia de su desaparición por propia voluntad. Noticia que nos llenó de estupor primero y luego de congoja e infinita tristeza a todos los que lo conocieron y especialmente en quienes tuvieron, como en nuestro caso, la alegría de compartir muchos años de nuestras vidas.

Indudablemente el Chueco Poblete ha sido un ejemplo de  trabajo, rectitud y honestidad en su corta existencia.*


 

 

Comentarios   

#5 CLARA 19-05-2015 11:48
RECIÉN LEO.
GRACIAS RAMÓN,POR "PEQUEÑAS HISTORIAS..."
RE RETROTRAÍSTE A NUESTRO TRABAJO DE LRA-18.
DEL "CHUECO"RECUERDO SU PERMANENTE ALEGRÍA DE VIVIR,EN CADA CONVERSACIÓN ENTABLADA CON TODOS Y CADA UNO. DE LEJOS,TE VEÍA VENIR Y EMPEZABAN LAS CHANZAS.
PARADOJA PONER FIN A SUS DÍAS.
UNO NUNCA CONOCE TODO DE LA GENTE.LÁSTIMA
Y SI ASÍ LO QUISO...SABRÁ ÉL, POR QUÉ.
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#4 carulo 18-05-2015 17:12
gran amigo y persona se te recuerda siempre chuequito
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#3 Martin Altamirano 23-07-2012 21:25
vivirás por siempre en nuestros corazones tío!!!!! Te extraño mucho chueco!!!!!
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#2 Fabian altamirano 23-07-2012 21:24
"Solo cuando nos alejamos de las personas queridas podemos medir el cariño" JDP a Evita.-
Gracias...
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#1 Poblete E. Beatriz 23-07-2012 21:23
Gracias Lozano por las palabras y recuerdo de mi querido hermano
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