Pioneros de Siempre

El 24 de enero de 1988 Río Turbio había cumplido 39 años de su existencia como población, si bien posteriormente el Concejo Deliberante modificaría la fecha, llevándola al 14 de diciembre de 1942, hito histórico en que se instalaron las carpas de la Comisión Carbón Mineral Nº59 de combustibles sólidos y minerales de YPF en la zona de Mina 1 y en el Valle San José para la explotación del yacimiento de carbón.

Habían transcurridos algunos días de los festejos del aniversario y sus ecos ya se habían apagados. Y fue, recuerdo, en una tarde apacible en que unos suaves golpes, como dudando, dados sobre la puerta de mi departamento que me alertaron de que alguien llamaba.

Cual no sería mi sorpresa al abrir y encontrarme “a boca de jarro”, nada más ni nada menos que con el padre Manuel González.

Padre González y niñosPara los rioturbienses el padre salesiano González, fue toda humildad, bondad, amor y solidaridad al prójimo y especialmente para con los niños. Siempre dispuesto a ayudar espiritualmente con el consejo o materialmente, como lo hizo con los integrantes de la reserva tehuelche de “Camusu-Aike” en muchas oportunidades. Si bien mi conocimiento personal no era profundo ya que cuando arribé a la Villa Minera en abril de 1963, el padre González se retiraba a misionar a otras localidades de Santa Cruz, supe de su accionar en conversaciones mantenidas con habitantes del lugar y también por mi esposa Doménica, que lo conoció de niña.

Así fue que luego de los saludos afectuosos nos sentamos los tres alrededor de la mesa con sendas tazas de un aromático te de por medio, y como no podía ser de otra manera, la conversación se remontó a los primeros tiempos de Río Turbio y de su llegada a la Cuenca, y el padre Manuel González comenzó a desgranar sus recuerdos y surgió naturalmente el relato, al que escuchamos atentamente, sin atrevernos a interrumpirlo, salvo para solicitarle algunas aclaraciones. En ese entonces nuestro visitante tenía 77 años de edad.

Desde la ventana cercana un rayo del sol de la tarde ingresó en el ambiente y entonces me pareció percibir, por un instante, una especie de aureola sobre su cabeza…

“…Era joven todavía, cuando vine a Río Turbio a ejercer mi sacerdocio; vine desde Puerto Deseado donde residí del 45 al 50 y en el 51 llegué reemplazar al padre Molina que fue el primer párroco que tuvo Río Turbio, aunque ya anteriormente anduve por esta zona, como por la mayor parte de la Patagonia sur. Desde que me recibí en 1937 en Turín (Italia) y vine a la Argentina ya como cura, viví recorriendo esta tierra. Entre Puerto Deseado y Ushuaia, no había por aquellos tiempos poblaciones grandes y las construcciones, casi todas eran levantadas con material liviano, generalmente con chapas… Me gustaba recorrer estos caminos, aunque más de una vez debí lamentar esa vocación…” El padre González , hace una pausa, y como queriendo reacomodar sus pensamientos, se levanta y observa la vista panorámica desde la ventana cercana del departamento de la planta alta del edificio, y continúa: “Realmente ha cambiado mucho Río Turbio desde el 51, está casi desconocido; de aquel tiempo solo me es familiar la zona de las casas “F”, los “Quoncet” y parte de las “20”…aunque todavía queda mucha gente de esos comienzos, y gracias a Dios todos han progresado…eso me hace feliz.”. En sus recuerdos vuelve a la década del 50 y nos cuenta que además de su labor religiosa, como buen sacerdote salesiano se dedicó a la tarea de la docencia: “…lo primero que tuve que hacer fue enseñarles a hablar bien el castellano a los rusitos y a los tanitos, aunque ya algo sabían…después hacer un poco de maestro en los otros aspectos…”

Recordemos que en 1949 llegaron al Yacimiento las primeras familias italianas y en 1950 las de origen ruso, las dos corrientes inmigratorias más importantes de lo que luego fue la Villa Minera.

“No tenía tiempo para perder” nos dice Manuel González, “cuando no era la Iglesia, era la Escuela que me reclamaba o mis Capillavisitas domiciliarias que nunca descuidé. En alguna época del año también me hacía un poco de tiempo y recorría la línea del ferrocarril llevando a los empleados de Y.C.F. (en las estaciones), además de la palabra de Dios, un poco de diversión a través de series de diapositivas que les proyectaba. También hice varias visitas a los indios que por aquel entonces se congregaban en el Cañadón Kamusu Aike y en dos campamentos que tenían en las cercanías del Lago Cardiel. Hoy quedan muy pocos tehuelches y la mayoría de sus descendientes viven en los pueblos o en las estancias donde trabajan. Siempre me recibían cordialmente y era fácil entenderse con ellos, ya que todos hablaban el castellano bastante bien, aunque entre ellos usaban su propio idioma, el aoniken. Recuerdo que les tenían cierto temor a las diapositivas, pero de todas formas era fácil convivir con ellos…”

Como le habíamos pedido al padre González, que como testigo de aquel tiempo pionero de Río Turbio, nos contara como se vivía en ese entonces, así lo hizo. Pese a sus años, las palabras fluían fácilmente, al mismo paso que sus recuerdos y como si fuera ayer, nos dice: “El trabajo de la mina era duro, el clima incluso era más bravo y sobre todo en invierno se sufrían las carencias con suma agudeza…Justamente un día, y en los primeros años de mi estadía, me tomó lo que lo que los lugareños denominamos turbitis; me sentí solo y dudé de mi capacidad para adaptarme a Río Turbio…Recuerdo que para quebrar ese estado salí a caminar rumbo al Hospital (hoy edificio de la Unidad Académica de la UNPA) que para nosotros era casi el fin del mundo en aquel tiempo, el día era calmo y el cielo presentaba un hermoso espectáculo con cúmulos teñidos de distintos colores; desgraciadamente había nevado muchísimo en esos días y venía haciendo bastante frío por lo que el piso estaba congelado…Recuerdo que los chicos pasaban a toda máquina en trineo, haciendo el clásico camino entre el Hospital (en ese entonces) , el Correo o el edificio de la Administración de YCF ya que hasta allí llegaban con sus trineos y fue cuando perdí pie y caí estrepitosamente dando con toda mi humanidad en el suelo congelado, ¡ Flor de golpe aquel !. En un principio creí haberme roto mi sotana nueva, pero lo que en realidad me rompí, fue la tibia y el peroné…Me llevaron al Hospital donde, como pudo, el Dr. Barresi (Pablo)… me dio los primeros auxilios y mal que mal, dentro de sus posibilidades, preparó mi traslado a Río Gallegos, donde obviamente me debían enyesar. Al cabo de unos días –no se pudo antes por el estado de los caminos- salimos con Messina como chofer, pero a medio camino fundimos motor y fuimos auxiliados por gente del ferrocarril que nos ayudaron en el trance. Cuando al cabo pude llegar a Río Gallegos, no se podían sacar radiografías por falta de energía eléctrica, después se desató un paro; una huelga entre el personal del Hospital y cuando lo levantaron creo que no había placas…Así que cuando se pudo sacar la radiografía los huesos estaban soldados; mal, pero estaban soldados; y así volví a Río Turbio, con los huesos mal soldados y con muletas…”

El padre Gonzáles se apasiona cuando recuerda ese tiempo de Río Turbio y sus ojos adquieren un brillo especial en esa tarde del verano patagónico y continúa con su relato “…Se vivía como en una gran familia; todos se saludaban y se conocían; cuando había fiestas participaban todos. En Navidad la gente prácticamente no dormía ya que era costumbre saludarse entre familias hasta bien entrado el 25. Teníamos unos muy buenos equipos de futbol… si hasta se transmitían los partidos por medio de una bocina que teníamos en la Iglesia. Era sorprendente escuchar a Andrea y Loreto Belforte, haciendo la transmisión del partido al mejor estilo “fioravanti”.

Estuve hasta el año 1962, después tuve oportunidad de volver pero no lo hice sino por algunas semanas; presencié el nacimiento de 28 De Noviembre, creo que fue el 4 de diciembre de 1959. En aquel tiempo se pretendía que aquel fuera el pueblo civil con todas las letras, pero después se cambió de idea y quedaron dos pueblos en la Cuenca…”

Cuando le preguntamos sobre la entronización de Santa Bárbara, nos dice que cuando el llegó a la Parroquia, ya estaba entronizada por el padre Molina, desde el año 1948.

Casi al final del encuentro Manuel González nos comenta que en la Parroquia se llevaba un libro que llamaron “Crónica” y en el que diariamente se anotaban las cosas de la jornada: la temperatura, el estado del tiempo y los hechos importantes que sucedían. ..“Desgraciadamente ese libro de los primeros tiempos de Río Turbio se perdió y solo tenemos algunos apuntes que escribió el padre Ricardo Betonio. Es una verdadera lástima que no contemos con él para revivir esos viejos, queridos y hermosos tiempos de Río Turbio…Sus primeros tiempos…”

Nació el 17 de junio de 1911en la localidad de Punta Alta, provincia de Buenos Aires y murió como vivió, silenciosamente, un triste día del 30 de noviembre de 1991 en la ciudad de Río Gallegos.

Este relato está basado en parte de la entrevista mantenida con Manuel González, en oportunidad de su visita a la Cuenca, publicado el 29 de febrero de 1988 en el periódico “La Verdad de Río Turbio”, que editaban Orlando Oscar Zerbatto y quien escribe estas líneas.

Quien tenga interés en conocer más sobre la vida del padre salesiano puede consultar el libro “Manuel González Cura Gitano, Linyera de Dios” de Juan Ignacio López, editado en 1996.*


 

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