Pioneros de Siempre

Río Turbio, y al decirlo involucramos a las poblaciones de Julia Dufour, 28 De Noviembre, Rospentek y El Turbio Viejo; con sus caprichosas montañas, espejos de agua clara, bosques Amanecercentenarios y cambiantes cielos, ofrece un marco de mágica atracción al viajero que recorre estos paisajes casi vírgenes. Pero también el sortilegio emana de sus historias diversas de hombre y mujeres que poblaron estas tierras; algunas escondidas bajo una capa de polvo de tiempo, olvido y silencio.

Indudablemente, el alemán Curt Meyer, quedó atrapado por ese hechizo indefinido y por la atracción misteriosa que ejerce y ata a quienes habitan estas tierras del sur patagónico. Y tanto lo fue que sus huesos descansan en una tumba rodeada de altos pinos que el mismo plantara en el paraje conocido como Rospentek.

Mucho antes que el lugar fuera ocupado como asiento por la Guarnición Militar del Ejército Argentino integrada por el Regimiento de Infantería Mecanizada 35 y el Escuadrón 11 de Caballería Blindado, existió una estancia fundada por el colono Curt Meyer en el año 1894. A el le correspondió ser el primer colono radicado en nuestro medio e iniciador de la ganadería en la zona.

Cuenta don Eleo Pablo Zóccola en su libro “Río Turbio Gesta del Carbón Argentino”, que nuestro pionero se afincó a pocos metros del río Turbio, en un sitio de abundante y jugosos pastos, donde sentó las bases del futuro establecimiento ganadero que bautizó “Rospentek” en recuerdo del que poseyó su padre en la lejana Alta Silesia.

b_200px_164px_16777215_00_images_Articulos_pequenas_historias_FOTOS_VARIAS_778.jpgCurt Meyer era un hombre de voluntad inquebrantable, emprendedor y trabajador incansable. Comenzó su lucha contra las inclemencias del duro invierno patagónico levantando una casa en el lugar; de espaldas al cerro. Con la llegada de la primavera y los primeros deshielos cercó potreros con madera de lenga hachada en el bosque cercano. En esos potreros, al decir de zóccola, encerró las ovejas traídas de Chimen Aike y cedidas por otro colono alemán: capitán de ultramar Hermann Eberhard, dando así nacimiento a la ganadería local.

Fue en una mañana, serena y luminosa en que el colono Curt Meyer, fundador de Rospentek, apoyado en la ventana abierta de su cabaña, escuchando el canto de jilgueros y zorzales que anidaban en el bosque cercano, en la enmarañada zona de lengas y ñires, en que le surgió la idea de incorporar a la avifauna del lugar de avutardas y avestruces: flamencos, tórtolas y otras especies de lejanas geografías, las que luego logró aclimatar en este rincón de Santa Cruz.

Según lo explica, quien fuera pionero del carbón, funcionario de YCF, escritor y diputado nacional, don Eleo Pablo Zóccola, el colono Meyer trató de unir su solitaria existencia de auténtico pionero patagónico a la de los animales silvestres. Por eso no era extraño encontrar merodeando las elementales y rústicas instalaciones rurales de la estancia Rospentek, a huemules –pequeño ciervo andino hoy desaparecido-, guanacos y zorros y oír las estridencias de patos y bandurrias que poblaban las aguas cristalinas -en ese entonces- del río cercano que bañaba las orillas del lugar.

Transcurre el tiempo y Meyer hace traer de Alemania, algunas yuntas de liebres que al reproducirse se dispersan por todo el extremo sur santacruceño. La liebre que introdujo en el b_200px_267px_16777215_00_images_Articulos_pequenas_historias_Tumba_de_Curt_Meyer_en_Rospentek_002.jpgmedio natural fue la europea, que a diferencia de la mara patagónica, es de menor tamaño y hasta la podemos ver en los alrededores, y a veces en calles de las mismas localidades de la Cuenca.
Las fuertes dificultades que se le presentaban con la escrituración de las tierras (pese a tener la autorización de ocupación del Gobernador del Territorio Nacional, general Edelmiro Mayer), y las múltiples carencias naturales y que son de imaginar por el tiempo del que hablamos, no pudieron quebrantar la voluntad de colono de Curt Meyer, quien avanzó en la explotación de su establecimiento ganadero hasta el mismo día de su desaparición.

Murió el 20 de marzo de 1911.

Cumpliendo con su promesa de colono pionero, de no abandonar el lugar que pobló, descansa para siempre en la misma tierra de sus desvelos, trabajos y sudores, sobre un manto de violáceas y perfumadas arvejillas e inmaculadas margaritas silvestres; de cara al río Turbio y al cercano cielo que lo subyugó; en un dialogo casi permanente con el viejo viento del oeste.*


 

 

 

Comentarios   

#1 humberto marcelo 13-04-2015 00:33
que hermosa historia del primer colono de Rospentek, me encanto!!! :-)
Citar



Flag Counter