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DEL GOBERNADOR GREGORES A LA DIVISION CARBON MINERAL

El gobernador Gregores

047A partir del año 1932 el yacimiento Río Turbio contó con un entusiasta defensor y propagandista que, desde Río Gallegos, incansablemente trató de interesar sobre las bondades del carbón santacruceño a las autoridades nacionales, a empresarios, a grandes y a pequeños consumidores de combustibles.

Fue éste, el teniente de navío don Juan Manuel Gregores, progresista mandatario que gobernó la provincia de Santa Cruz desde 1932 a 1945.Juan Manuel Gregores había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 2 de mayo de 1893. Cuando sólo contaba 15 años se embarcó en el transporte Piedrabuena recorriendo toda la costa patagónica. Finalizados sus viajes por la costa Sud ingresó a la Escuela Naval, de donde egresó en el año 1913, luego de realizar el viaje de estudios en el buque escuela fragata Presidente Sarmiento, en su viaje N° 13.

Durante su carrera militar se especializó en radiocomunicaciones; para profundizar sus conocimientos fue enviado por la Marina a realizar cursos de esa materia en la Escuela Militar del ejército francés, en la que permaneció durante los años 1919, 1920 y 1921 y de la que egresó con el título de Ingeniero Radiotelegrafista.

Luego de ocupar durante un tiempo la jefatura del Servicio de Comunicaciones Navales, solicitó su retiro de la institución en el año 1931 con el grado de teniente de navío. (52)

A partir de entonces, sus nuevas actividades lo llevaron hacia el campo radicándose en las. cercanías de Cipolletti (Río Negro) donde se instaló con una pequeña chacra. Al cabo de un año de atender personalmente esas tareas campesinas, el entonces Presidente de la Nación general Agustín P. Justo, por propuesta del Ministro de Marina, almirante Casal, lo designó Gobernador de Santa Cruz. Se concretó así la vocación patagónica de Gregores, que fue desde su adolescencia andariega, su compañía espiritual.

Su obra como gobernante fue la de un idealista y un creador.

A veces sus desbordes de energías, su osadía y, en oportunidades, su personalismo, puestos siempre al servicio de un objetivo desinteresado generaron encontradas opiniones que, sin embargo, no lo detuvieron en su camino hacia la meta propuesta.

Desdeñó los esplendores, la figuración y las comodidades personales y las de su compañera, amiga y esposa, doña Ethel Bras que lo acompañó en su empresa. Su permanente actividad sólo lo guiaba al beneficio de los pobladores de Santa Cruz.

Al hacerse cargo de sus funciones, Santa Cruz con sus 277.000 km2 sólo contaba con 23.000 habitantes, es decir un habitante cada 12 km2 y esos habitantes que estaban concentrados en grupos muy distanciados entre sí, prácticamente no disponían de ningún medio de comunicación. Casi no existían caminos y los pocos existentes durante los inviernos eran intransitables, los abastecimientos eran insuficientes, las escuelas primarias muy pocas y no había ningún establecimiento de enseñanza secundaria.

La primera preocupación de Gregores fue la de establecer comunicaciones y en ella volcó todos sus conocimientos profesionales y los de su colaborador Alejandro Rojo. Instaló en dependencias de la sede del gobierno un taller para la fabricación de receptores y transmisores, que él mismo dirigía, y encaró la construcción, en río Chico a pocos kilómetros de Río Gallegos de una central de comunicaciones.

No tardó mucho tiempo en establecer una amplísima red radiofónica entre la mayoría de las localidades existentes y algunos establecimientos de campo, destruyendo de esta forma el total aislamiento de sus pobladores. Entre estaciones principales y secundarias, llegó a instalar un total de 40 y más de 50 auxiliares.

Al mismo tiempo, y gracias a sus gestiones, obtuvo del Ministerio de Marina un viejo avión, que fue convertido en unidad sanitaria para atender enfermos y otorgar de esta forma, los primeros auxilios médicos en el interior del territorio.

Esta antigua unidad aérea fue posteriormente reemplazada por una moderna máquina adquirida con fondos de una suscripción popular que auspició el mismo Gregores.

De la ex-empresa aérea Aeroposta Argentina, consiguió un Laté 25 radiado de servicio, convirtiéndolo en lo que denominó Chasque Aéreo, cuya tarea era distribuir correspondencia, encomiendas, diarios y revistas por los más recónditos lugares. Esta distribución se hacía durante todo el año, aún durante las desfavorables condiciones invernales, en que la máquina pasaba en vuelo rasante sobre las casas, dejando caer sus paquetes.

Para todas aquellas auténticas proezas aéreas el Gobernador. Gregores contó con el extraordinario piloto civil Norberto Fernández, verdadero paladín del aire y que es ya una legendaria figura de la epopeya patagónica.

Esta actividad aérea exigía disponer de pistas de aterrizaje, por lo que Gregores dispuso que las fuerzas policiales, en sus momentos libres, las construyeran con pico, pala y rastrillo y solicitó la colaboración de los estancieros para que hicieran otro tanto con sus peonadas.

Dado el irregular servicio que prestaban las mensajerías, decidió controlarlas oficialmente, haciéndolas depender de la Gobernación. Este acto de gobierno fue uno de los tantos que habría de traerle complicaciones, como lo fueron el de disponer periódicos convoyes de abastecimiento de víveres frescos desde el valle de Río Negro y la toma de posesión del aserradero Avellaneda, en Lago Argentino que estaba inactivo.

Sin embargo, Gregores no se detenía en su arrolladora actividad progresista. Creó la Escuela de Cadetes de Policía, el Círculo Policial, una escuela Hogar en Lago Posadas, colonia de vacaciones para niños, salas de primeros auxilios; propició la creación de hospitales, salas de maternidad, edificios públicos; ideó y utilizó un hidrodeslizador para navegar el río Santa Cruz y muchas otras iniciativas más que sería extenso enumerar.

Cuando en 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial, comenzó a preocuparle la crisis de combustibles que se avecinaba y empezó a interesar a las autoridades nacionales para que se explotara el yacimiento carbonífero de Río Turbio.

Personalmente recorrió a caballo la zona del yacimiento y con el empleo de agentes de policía, hizo recoger carbón en los afloramientos que luego embolsado, distribuyó a la población de Río Gallegos y remitió a Buenos Aires al Ministerio de Agricultura, Dirección de Minas y Geología y a diversas autoridades y amigos.

La prédica de Gregores se agregó a la de otros argentinos, dando así comienzo a la formación de una conciencia nacional respecto al carbón, incentivada por las urgencias que provocaba la guerra. Y esa conciencia halló, por fin, eco en las autoridades gubernativas, Gregores tuvo la satisfacción antes de abandonar la provincia de Santa Cruz, de ver llegar la primera comisión de exploración que destinó la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales al yacimiento Río Turbio, a comienzos del año 1943. Siguió los trabajos con un particular interés, realizando repetidos viajes hasta el campamento donde, en las primeras carpas de lona compartía su vida con el personal de Y.P.F. y particularmente con el ingeniero Luis Calliari, uno de los jefes de aquella comisión de exploración.

Llegado el año 1945 Juan Manuel Gregores elevó su renuncia al cargo de Gobernador, que le fue aceptada. Durante el ejercicio de su función, de 13 años continuados, se había sucedido cinco Presidentes de la Nación.

Luego de reintegrarse a su vida campesina, en su abandonada chacra de Río Negro, y mientras araba su campo conduciendo un tractor, a fines de 1945, un infarto cardíaco puso fin a la fecunda vida del luchador. Una sencilla placa que sus amigos colocaron en su homenaje en la radioestación de Río Chico dice:

"Rio Gallegos y zona rinden homenaje al recordado mandatario, quien a través de su inteligente y honesta función gubernativa comprometió el afecto y agradecimiento de los habitantes del Territorio de Santa Cruz, por la era de progreso que labró su brillante y humano desempeño".

Exploraciones de Brandmyr

La Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales decidió en el año 1936 la realización de una exploración geológica en una extensa área de la parte austral de Santa Cruz, con fines de apoyo a la búsqueda de petróleo. En ella figuraba la región fronteriza con Chile, en el cuadrante Sudoeste del territorio, que comprendía el yacimiento de Río Turbio.

Se encomendó la misión al entonces jefe de la División Reservas, ingeniero José Brandmyr, quien asumió la jefatura de la exploración. A principios del mes de diciembre partió con destino a Río Gallegos acompañado por el geólogo Osvaldo Bracaccini y el topógrafo Enrique Guarrochena.

Partieron de Río Gallegos en dirección al poblado. El Turbio, punto final del camino en territorio argentino, desde donde debieron desviarse hacia Gaypón. Luego de cruzar la frontera pasaron por Puerto Natales y volvieron a ingresar al territorio argentino a la altura del Hito 80, aprovechando una huella que conducía hasta el puesto San José de la estancia La Primavera. En las inmediaciones de este puesto, levantaron el campamento el día de Navidad de 1936.

El ingeniero Brandmyr utilizó como punto de partida para el estudio de la región las investigaciones que para fines del siglo anterior había realizado el doctor Hauthal; trabajos éstos que, al decir de Brandmyr, sentaron las bases para el conocimiento de la geología de la vasta región comprendida entre el lago Argentino y el seno de Ultima Esperanza.

La labor que realizó Brandmyr con la colaboración del doctor Bracaccini, permitió completar el valioso trabajo de Hauthal, particularmente en lo relativo a la estratigrafía del Terciario. Al mismo tiempo ambos técnicos reunieron un elevado número de materiales fósiles, constituidos principalmente por invertebrados del Cretácico Superior y del Terciario como también restos de vegetales y mamíferos procedentes del Magallanense y Santacrucense.

Los trabajos realizados durante esa campaña, efectuada durante los primeros meses del año 1937, abarcaron todo el área comprendida de Oeste y Este entre la frontera con Chile y el meridiano 71° y de Norte a Sur entre el paralelo 51° y el curso inferior del río Turbio. La tarea de la comisión de exploración del ingeniero Brandmyr fue una importante contribución para la ulterior exploración del carbón del yacimiento Río Turbio, ya que, además de lo que significó desde el punto de vista geológico, aportó una serie de datos de interés sobre los afloramientos de carbón que observó desde las proximidades de Cancha Carrera hasta el valle de San José.


(52) Equivalente al grado actual de capitán de corbeta.

 

 

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