Pioneros de Siempre

Descargar este Capítulo en PDF      Descargar el documento completo comprimido en ZIP

Página 1

PRIMERA EXPEDICION DEL TENIENTE DE NAVIO DEL CASTILLO

RUMBO A LA CORDILLERA

La Conferencia del 17 de agosto

En el Boletín del mes de septiembre de 1887 del Instituto Geográfico Argentino se publicó la siguiente noticia:

"Ante una numerosa y distinguida concurrencia, compuesta en su mayor parte por oficiales de nuestra Armada y miembros del Instituto y del Centro Naval, tuvo lugar la noche del 17 de agosto ppdo. una interesantísima conferencia dada por uno de los más distinguidos e inteligentes marinos argentinos, el teniente de Fragata señor Agustín del Castillo. A las 8 y 30 p.m. previamente presentado por el Vice-Presidente 2o del Instituto, Dr. Rafael Igarzábal, el señor Agustín del Castillo dio lectura de su conferencia sobre el importante e intrépido viaje de exploración que acaba de realizar por su cuenta al interior de la Patagonia y costas del Pacifico."

"Con estilo claro, erudito y un tanto florido, trazó a grandes rasgos el itinerario de la expedición, la topografía de la zona que ha recorrido, los trabajos científicos que ha ejecutado y describió brillantemente la vida y las costumbres de los indios que habitan el territorio."

"A las 10 y 30 p.m. el señor del Castillo terminó de leer su conferencia siendo calurosamente aplaudido por la concurrencia y varias personas se acercaron a felicitarle por la intrépida y patriótica exploración que había realizado". (25)

Al fin había tenido eco las palabras de del Castillo.Hasta el 17 de agosto fueron vanos todos sus intentos para interesar a sus compatriotas sobre su expedición al interior de la Patagonia, sus descubrimientos, su hallazgo de un importante yacimiento de carbón, sus valiosos apuntes geográficos. Golpeó las puertas de la prensa porteña y se le contestó con indiferencia, sin siquiera registrar en sus crónicas el viaje. Tampoco en esferas del gobierno se prestó atención, y hecho que dolió mucho a del Castillo, hasta sus propios camaradas se habían mostrado remisos en brindarle el aliento que buscaba y necesitaba

Con profunda amargura habría de decir aquella noche de agosto del Castillo:

"(...) mi viaje no es conocido del público porque la prensa ha querido callar, entonando en vez el Te-Deum al resultado de exploraciones, que tengo el orgullo de decir que no son madre de mis hechos". (26)

El desaliento y las contrariedades estaban ya por determinar en del Castillo el abandono de sus estudios de los problemas patagónicos e, incluso, destruir sus valiosísimas anotaciones de su Diario de Viaje. Pero un casual contacto con personas que lo estimularon y con el auspicio del Centro Naval y del Instituto Geográfico se logró que completara su informe, que leyó esa noche ante una audiencia subyugada durante algo más de dos horas.

Comenzó diciendo:

"(...) Impulsado por causas que os explicaré en curso de este relato y animado por el juicio de gente sensata es que me atrevo a venir a molestar vuestra atención, rogando os seáis benévolos con la relación del viaje de exploración al interior de la Patagonia y costas del Pacifico, por mi efectuada privadamente. Empiezo solicitando de vuestra benevolencia, por que debéis saber, señores, que mis conocimientos y mi práctica en el terreno de la ciencia geográfica y geológica no son los de un explorador de profesión y, por lo tanto, la marcha de este relato ha de carecer de interés y lucidez, por más que marchara seguro y a pasos lentos hacia un objetivo". (27)

Seguidamente, del Castillo procedió a la lectura del minucioso y documentado relato de su exploración, que comenzó en Río Gallegos el 8 de enero y finalizó el 29 de marzo del año 1887.

La Partida

Según lo que dijo aquella noche de agosto, sabemos que Agustín del Castillo estuvo alrededor de cinco meses en Rio Gallegos, obligado a una casi total inactividad.

Había sido destinado a una misión hidrográfica que no podía complementar por la carencia de elementos prometidos pero no remitidos, desde Buenos Aires.

Esa inercia, totalmente incompatible con el espíritu inquieto del joven marino le hizo concebir la idea de una expedición hacia la cordillera para lograr el aporte de mayores conocimientos al Gobierno, respecto a las características geográficas y geológicas de esa región santacruceña, para que sirvieran de apoyo a la tesis mantenida por nuestro país en relación con la discusión de los limites internacionales. Luego de celebrado el tratado de límites con Chile en 1881 habían surgido diversas controversias respecto al trazado de la frontera entre Argentina y Chile en la zona austral, y se repetían frecuentemente problemas de orden técnico e interpretativo de las cláusulas de aquel tratado. Es precisamente a partir de aquellos años que se iniciaron las exploraciones en la Patagonia desde Río Negro a Santa Cruz y se llegó hasta proyectar, con intervención del general Manuel J. Olascoaga un ferrocarril paralelo a la Cordillera, como fomento de población y seguridad de la frontera.

Estos hechos fueron los que, principalmente, impulsaron a del Castillo a realizar su exploración al interior de Santa Cruz.

Del Castillo conocía el informe del capitán Moyano, elaborado luego de su recordada exploración, tres años antes, y estaba deseoso de aumentar las referencias sobre las costas del Pacífico que, a su juicio, se encontraban parcialmente en suelo argentino. Haciendo referencia más tarde, a este hecho geográfico diría del Castillo:

"(...) las aguas del Pacifico que, como cansadas de una lucha secular y formidable mantenida entre los colosales Andes a través de los que ha abierto una brecha, se explayan majestuosamente tranquilas en plena tierra firme en tierra argentina. Parece como que ese mar no olvida que si es libre lo debe a los hijos de esta tierra y que sintiera nostalgia de no ver los colores de aquella bandera que San Martín le mostrara por primera vez con emblema de la soberanía americana". (28)

Comenzaba del Castillo a preparar su expedición y ordenar los elementos necesarios cuando supo que acababa de llegar a Río Gallegos un grupo de mineros, proveniente de Cabo Vírgenes y que también se aprestaba para un viaje a través del territorio, con rumbo al lago Argentino.

Al frente del grupo, perteneciente a la Compañía Minera La Fortuna, se encontraba el señor Nicolás Dávila, con quien del Castillo se entrevistó tan pronto tuvo noticias del viaje. El joven marino le propuso su admisión en la expedición "como un subordinado más, sin condición de puesto ni función" como él dijera. (29)

De ese encuentro nació una entrañable amistad entre los dos hombres. Dávila lo aceptó gustoso, como compañero de viaje, dejándolo en libertad de emplear su tiempo como mejor le pareciera y le ofreció gran parte de sus elementos para que pudiera llevar a la práctica sus proyectos.

El día 7 de enero de 1887, a orillas del río Chico, a pocos kilómetros de Río Gallegos, el grupo de expedicionarios terminó con sus preparativos para el viaje. En total eran 9 personas y contaban con 40 caballos, 3 perros de caza, 3 carpas, varias carabinas y cajas de proyectiles, lazos, boleadoras y víveres indispensables para unos tres meses.

Agustín del Castillo empleó parte del día en reconocer el lugar y efectuar apuntes de la topografía, tipos de pastos, características del río e influencias de la marea sobre él mismo.

En la madrugada del día 8 los peones contrapesaron definitivamente las cargas arreglaron los instrumentos y alistaron las monturas, bajo la vigilante dirección del capataz, un criollo riojano, que indicaba los pesos que se debía colocar a cada animal, mientras explicaba las mañas que conocía de éstos, refiriendo en voz alta y en cada pausa, alguna anécdota jocosa de su Rioja natal, donde según él, nació arriero y envejeció siéndolo.

Desde Río Gallegos habían llegado algunos vecinos a despedir a los exploradores y tomar juntos algunos mates. Eran las tres de la mañana y con los primeros rayos de sol la voz de Dávila ordenó la marcha.

Los lugareños saludaban augurando buen viaje y entre ladridos de perros, relinchar de caballos y un desordenado rumor la pequeña caravana se puso en movimiento en dirección al Oeste costeando el río Chico.

El grupo que acompañaba a del Castillo y a Dávila estaba compuesto por riojanos, sanjuaninos, porteños y dos chilenos. De estos peones, algunos eran eternos buscadores de oro, otros antiguos arrieros y los demás simples trotacaminos patagónicos.

Luego de algunas horas de viaje atravesaron una zona de altos muros de basalto que denominaron "Círculo Romano". Al mediodía reconocieron una laguna situada en el fondo de ese gran círculo, donde detuvieron la marcha para una ligera comida. Agustín del Castillo no perdió detalle para sus anotaciones y de ese lugar diría:

"(...) La ruda majestad de este paisaje, su vitalidad, su clima acaso le reserven sostener en el porvenir razas tan poderosas como las que en latitudes análogas actúan hoy tan brillantemente en el otro hemisferio". (30)

Ese día continuaron del Castillo y Dávila efectuando un reconocimiento general de la zona y llegada la noche, se reunieron con el resto del grupo y decidieron pernoctar junto al río, en un paraje que llamaron Cajón de Escoria, por sus características volcánicas, conocido por los indios con el nombre de Pele Ayke.

Durante el día siguiente, mientras se daba descanso a los animales, del Castillo exploró el cráter de un volcán extinguido ubicado a unos 3 kilómetros del campamento Tomó medidas, anotó referencias y regresó al llamado de Dávila, pues el grupo volvía a ponerse en marcha, siguiendo siempre las márgenes del río, con rumbo sudoeste.

(25) BOLETIN DEL INSTITUTO GEOGRAFICO ARGENTINO. Tomo VIII. Cuaderno LX. Septiembre 1887, pág. 197.

(26) B. del I.G.A. Op. cit, pág. 199.

(27) B. del I.G.A. Op. cit, pág. 198.

(28) B. del I.G.A. Op. cit., pág. 200.

(29) B. del I.G.A. Op. cit., pág. 202.

(30) B. del I.G.A. Op. cit., pág. 205.

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar




Flag Counter