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021EL CARBON EN SANTA CRUZ

AGUSTIN DEL CASTILLO

Primeros vestigios y el Perito Moreno

Al producirse los primeros descubrimientos de carbón en el territorio de Santa Cruz, ya habían tenido lugar en nuestro país algunas inquietudes oficiales y privadas e incluso algunos hallazgos en otras zonas sobre las que pretendían apoyar algunos visionarios, el crecimiento de la futura minería carbonífera nacional.

Esa serie de antecedentes comenzó en el año 1813, cuando la Asamblea General Constituyente que presidió Juan Larrea sancionó un reglamento para el fomento de la minería en el país, cuyo párrafo tercero establecía que habría de declararse ciudadanos argentinos a los extranjeros que descubrieran y explotaran minas de carbón. Este reglamento se sancionó el 7 de mayo de 1813: por lo que esta fecha ha sido instituida en la República Argentina desde hace muchos años, como día de la Minería mediante Decreto N° 33.338/45 del 20 de diciembre de 1945.

Pese a lo expuesto, recién a partir de 1856 se iniciaron algunos estudios sobre afloramiento en Marayes, Provincia de San Juan, encargados por el Gobierno provincial y en 1868 el mayor Rickard contratado por el gobierno nacional profundizó tales estudios que los extendió hasta la zona Sur de La Rioja.

La manifestación de interés del Gobierno Nacional por el progreso de la minería del carbón lo constituyó el hecho de haberse sancionado el 10 de octubre de 1870 la Ley 448 por la que se instituyó un premio de 25.000 pesos fuertes para quien descubriera en el país una mina de carbón susceptible de ser explotada en condiciones comercialmente favorables.

Entre los años 1870 y 1877, siempre en la zona de Cuyo y La Rioja, se produjeron exploraciones y estudios de algún interés. Pueden citarse los del geólogo Stelzner sobre la cordillera de los Patos, en San Juan; del naturalista Burmeister relacionado con la acumulación carbonífera cerca de Guandacol, La Rioja, de Brackebush referida al Yacimiento de Paganzo también en La Rioja y finalmente los trabajos de Estanislao de la Reta en concesiones que obtuvo en una zona vecina a Potrerillos en Mendoza.

A esta altura del siglo pasado los descubrimientos de carbón se trasladarían hacia el suelo santacruceño. En un discurso que pronunció el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Bernardo de Irigoyen en la Cámara de Diputados de la Nación el día 31 de agosto de 1881, sobre la base de apuntes que le entregara el Perito Moreno con relación a las cuestiones limítrofes entonces debatidas dijo en uno de sus pasajes: (17)

"(...) la región situada al norte, entre el extremo del Seno Ultima Esperanza cuya terminación no es bien conocida, aún y el Lago Argentino en la extensión de 20 leguas, es aún desconocida, pero creo que uno de los brazos de ese lago, que divisé en 1877, se prolonga hasta el sur disminuyendo esa distancia y además otros lagos que se presentan en ese trayecto y que no han sido bien estudiados, en sus contornos, desde ese seno hasta el Argentino, forman casi un canal dulce que corre, paralelo al salado, que corre desde el surco Reloncavi, alimentado por las aguas del Pacifico. Mi opinión es que esa región es de inmenso valor, las tierras, los bosques, los pastos que alimentan las caballadas salvajes y el clima relativamente bueno, permitirán desarrollar la futura población".

"El manto carbonífero se extiende desde el Estrecho hasta más al Norte del Lago San Martín, las maderas son inmensas y los aluviones glaciales contienen granos de oro (...) no sólo poblaciones mineras pueden establecerse en esos puntos de las Llanuras de Diana hasta el Atlántico; los ganados argentinos encontrarán abundante alimento".

Aquellos apuntes que suministrara Francisco Pascacio Moreno, el inmortal Perito Moreno, a nuestro canciller eran producto de sus anteriores exploraciones por el interior de Santa Cruz donde llegó cuando sólo contaba 25 años de edad. Corría el año 1876 cuando se produjo su arribo a bordo de la Goleta "Santa Cruz", comandada por el insigne patriota Don Luis Piedrabuena. Lo guiaba el propósito de conocer las ignoradas fuentes del río Santa Cruz y habría de contar para ello con la colaboración del capitán Moyano quien lo aguardaba en la isla Pavón. Al recordar los propósitos de su viaje diría después Moreno que lo motivara fundamentalmente su aspiración de que, con lo que pudiere transmitir a sus compatriotas, éstos se formasen una idea de lo que encerraba esa gran porción de Patria siempre denigrada por los que se contentan con mirarla mentalmente desde Buenos Aires.

El 15 de enero de 1877 emprendieron el viaje, navegando dificultosamente el río Santa Cruz aguas arriba, con un bote de 8,76 m. de eslora y 1,65 m. de puntal. La empresa presentó innumerables inconvenientes y durante largos trayectos debieron remolcar el bote a la sirga, arrastrándolo desde la costa ya por caballos, ya por sus acompañantes. Recordando aquellas penurias relataría luego Moreno:

"(...) hemos pasado una mala noche; el trabajo de ayer ha extenuado a mi gente sobre todo en el último momento, al pasar una muralla perpendicular cubierta de médanos, y en los cuales nos ha costado trabajo hacer pie para sirgar el bote. Tenemos las manos quemadas por la soga y las piernas y los pies ulcerados por las piedras y las espinas. No puedo exigir-más esfuerzos a mi gente. Los remolinos terribles por medio de los cuales ha cruzado el bote se han grabado en mi cerebro y su vista no se aparta de mi espíritu". (18)

Finalmente, el día 14 de febrero la expedición alcanzó las orillas del Lago en que nace el río. Así, en esa fecha, se produjo el descubrimiento del lago que llamaron Argentino. Lo cruzaron con la misma embarcación, no sin antes haber pasado el peligro de zozobrar a causa del violento oleaje, llegaron hasta la costa noreste y allí emprendieron el viaje hacia el Norte, en compañía de un grupo de indios cuyo encuentro había previsto Moreno.

Estos les cedieron caballos para llegar hasta las tolderías del cacique Collohue y con algunos baqueanos facilitados por él mismo, descubrieron un lago que fue llamado San Martín por Moreno por bañar sus aguas -como él dijera- "La maciza base de los Andes, único pedestal digno de soportar la figura heroica del gran guerrero". (19) El día 28 de febrero en 1877 en las inmediaciones del Lago, se produciría el primer descubrimiento documentado de carbón en Santa Cruz. En un arroyo que se desprende desde la costa sur recogieron de dicho carbón algunas muestras, la que hizo suponer a Moreno que provenían de un yacimiento oculto en las quebradas, de igual edad geológica que los ya conocidos en la zona de Isla Riesco y Punta Arenas.

De regreso pasaron por el Lago Viedma, dejado de costado durante el viaje al Norte y el día 3 de marzo acamparon a orillas del río Leona, así nombrado por Moreno por haber sido atacado en el lugar por un puma hembra cuando no contaba para su defensa, en ese momento, más que con una brújula, transformada en débil arma en una mano y en la otra su poncho, Moyano pudo librarlo de tan difícil situación con un certero balazo de su Remington, dando muerte a la fiera.

Después de concluir con los estudios de la zona, regresaron donde habían dejado el bote y el 16 de marzo emprendieron el regreso por el río Santa Cruz y llegaron a la isla Pavón, punto de partida, al cabo de una semana. Habitantes del lugar recordaron durante muchos años que habían llegado hambrientos, rotosos, descalzos y barbudos, de tal modo que costaba reconocerlos. (20)

Dos años después Moyano repitió la exploración con mayor detalle y nuevamente anotó la presencia de carbón en la misma zona y refiriéndose a ella manifestó haber realizado un ensayo de muestras cuya combustión es sostenida y con la "producción de un fuerte olor a gas".

Este yacimiento llegó a ser estudiado por los doctores, Guido Bonarelli y Juan J. Nágera, entre otros geólogos aunque parecería no revestir mayor importancia desde el punto de vista comercial.

Ramón Lista

También en el segundo descubrimiento de carbón intervendría el capitán Carlos María Moyano, en otro de sus memorables viajes hacia el interior de la Patagonia, efectuado en el año 1878, juntamente con Ramón Lista, que sería también gobernador de Santa Cruz. Este joven científico acababa de cumplir 20 años de edad y repetía, por segunda vez, su propósito de explorar las fuentes del río Chico, a través de la ruta seguida años antes por Musters.

El primer intento lo había iniciado desde Punta Arenas, con el auspicio de la Sociedad Científica Argentina que había destinado la suma de más de $ 10.000 para financiar la campaña, pero los sucesos sangrientos del ya recordado "Motín de los Artilleros" acaecidos en aquella ciudad, frustraron la expedición, igualmente iniciada pero suspendida a la altura de Río Gallegos, pues los sublevados se habían adueñado de la región carente de autoridades, cometiendo toda serie de depredaciones.

Lista, fue despojado en esa oportunidad de toda la caballada, víveres y armas y debió regresar dificultosamente a Punta Arenas. De allí volvió a Buenos Aires donde, inmediatamente, consiguió embarcarse en la cañonera "Paraná" que partía con destino a Santa Cruz arribando a este punto el 16 de enero de 1878.

Una vez expuesto su propósito al capitán Moyano, éste, coincidente con el joven hombre de ciencia comenzó los preparativos para el viaje, que no pudieron iniciar hasta el 21 de septiembre. Iban acompañados por Cipriano García, Avelino Arias y Máximo Clemente dado que, diversos sucesos, impidieron la inmediata salida de Moyano. Siguieron, aproximadamente, la ruta del famoso explorador inglés Musters, el 15 de octubre descubrieron el río Belgrano que así denominaron y cuando continuaban hacia el Oeste por un largo valle en el que corre el río Chico, se produjo el hallazgo de carbón. Este hecho tuvo lugar el 18 de octubre de 1878 y refiriéndose al mineral escribió Lista:

"(...) El mencionado combustible, según mi propios experimentos arde con llama larga y fácilmente, despidiendo bastante humo y olor bituminoso. Su color es negro, su estructura compacta y a veces laminar (21) Moyano agregó luego en su informe:

"Este carbón ardía muy bien y lo seguimos encontrando en los infinitos brazos del río, sin poder dar con el punto de partida que debe ser un extensísimo manto, porque, como he dicho vimos rodados por todos lados donde había agua que pudiese arrastrarlos. Si existe este combustible en gran abundancia, como me inclino a creerlo, su explotación sólo podrá efectuarse en un tiempo remotísimo en que las necesidades de la industria sean tales que hagan vencer las grandes dificultades naturales y las distancias que por el momento lo defienden". (22)

Ese mismo yacimiento, durante la crisis de combustible que padeció el país con motivo de la última guerra mundial, llegó a ser explotado precariamente, con el nombre de "Mina La Criolla"; su producción se transportó principalmente hasta el puerto de San Julián. En el año 1942, técnicos de la División Carbón Mineral de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, entre los que pueden citarse el geólogo Dr. Angel V. Borello y al ingeniero Ramón Portugal, realizaron algunos estudios sobre las características geológico-mineras del depósito, que luego no fueron completados. Se trata de un yacimiento en el que se encontraron dos mantos, separados por un banco de estéril de unos 50 metros. De estos mantos, el que reúne condiciones más favorables es el inferior. Se realizaron por aquellos años algunas labores mineras y se abrieron galerías pero no podría aún darse opinión definitiva sobre la importancia real del yacimiento. Se trata de un carbón de 5.800 cal/gr. y con un tenor en cenizas más bien alto.


 (17) COMISION LIMITES FRONTERA ARGENTINA-CHILENA: Memoria presentada al Tribunal por el Gobierno de S.M. Británica. Impreso para el Gobierno de la República Argentina, W. Cloweas e hijos, Londres, págs. 168 y 169, año 1902.

(18) YGOBORNE Aquiles D. Francisco P. Moreno Arquetipo de argentinidad. Orientación Cultural Editores S.A., Buenos Aires, 1953, pág. 100.

(19) YGOBORNE Aquiles D. Op. cit., pág. 120.

(20) LENZI, J. Hilarión: Carlos M. Moyano. Departamento Estudios históricos, Secretaría de Estado de Marina, Buenos Aires, 1962, pág. 56.

(21) YGOBERNE, Aquiles Op. cit., pág. 88.

(22) Op. cit., pág. 84.

 

 

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