Pioneros de Siempre

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PRIMERAS EXPLORACIONES

ROGERS Y MOYANO

Teniente Rogers

Durante los primeros años de residencia a orillas del río Turbio, Greenwood y Poivre alternaban sus actividades de cazadores de pumas, guanacos, avestruces y zorros, con la de exploradores de toda la región. Comerciaban el producto de sus cacerías en espaciados viajes hasta Punta Arenas o bien con tribus tehuelches que tenían sus "Aike" (paraderos) en la inmensidad del territorio santacruceño.

Del trato y su conocimiento con los indígenas aprendieron los secretos del desierto, las sendas ignoradas que conducían a las aguadas escondidas, los sitios más aptos para las cacerías y la pesca y la ubicación de los mejores pastos.

La permanencia de nuestros exploradores no era continua en Río Turbio y quien bucee en el pasado patagónico los hallará alternadamente en Río Gallegos, Puerto Santa Cruz, Lago Argentino, Punta Arenas, Viedma o en remotos rincones cordilleranos. Sin embargo, al final de cada aventura regresaban a la quietud de la cabaña que siempre los aguardaba, escondida entre las lengas del valle de Río Turbio.

Finalizaba el año 1877 cuando se produjo el encuentro, en las inmediaciones de Río Turbio, entre Greenwood y el teniente de la Marina de Guerra chilena Juan Tomás Rogers, quien realizaba un exploración ordenada por su gobierno.

Este joven marino formaba parte de la oficialidad de la corbeta chilena "Magallanes" cuyo comandante era el capitán Juan José Latorre, unidad que había sido destinada al seno Skyring para la ejecución de un relevamiento hidrográfico. En tales circunstancias, Punta Arenas vuelve a vivir una pesadilla de sangre, fuego y corrupción como consecuencia de una nueva sublevación militar, encabezada por suboficiales en complicidad con condenados del presidio militar y que es tristemente recordado como el "Motín de los Artilleros" (11 y 12 de Noviembre de 1877).

El gobernador chileno, sargento mayor Diego Dublé Almeyda cayó gravemente herido durante los sucesos y consiguió, sin embargo, huir en veloz carrera con su caballo a campo traviesa, hasta el Seno Skyring para pedir auxilio a la corbeta Magallanes. Su comandante dispuso el inmediato envío de fuerzas de represión y dada la interrupción así impuesta a sus estudios hidrográficos, ordenó días después al teniente Rogers que en compañía del naturalista Enrique Ibar también embarcado en la corbeta, efectuaran un reconocimiento de la región oriental de la cordillera hasta alcanzar el lago que más tarde se llamará Argentino.

Dada así Latorre cumplimiento a una misión que le encomendó el gobierno chileno, cuyos detalles anota en su diario. (9)

"En Skyring y en el puerto que el comandante de la "Magallanes" crea más prudente y adecuado, desembarcará una sección compuesta del teniente Juan Tomás Rogers, del naturalista don Enrique Ibar y de un guardiamarina, para que según las circunstancias, los elementos que le ofrezca la colonia y demás provisiones que pueda suministrar la naturaleza del terreno, se encarguen de explorar los valles orientales de los Andes conviniendo en todo caso en un tiempo fatal para que se reintegren a bordo, pero dando toda libertad posible para que esa sección pueda correr hacia el Norte, faldeando los Andes hasta encontrar la margen del Río Santa Cruz, fijar los lagos, herborizar y fijar astronómicamente los puntos más importantes de aquellas regiones".

Los exploradores, acompañados por los baqueanos Zamora y Donoso, iniciaron la marcha y llegaron a las Planicies de Diana, se acercaron a Ultima Esperanza y penetraron en el territorio de Santa Cruz hasta alcanzar el río Gallegos que vadearon en un paso que Rogers identificó como "Paso de los Robles". El Teniente Rogers anotó en su diario la descripción del paisaje:

"(...) las mesetas del lado Norte del rio son más altas, desde su cima teníamos una preciosa vista, a nuestros pies corría el Río Gallegos con su serpenteado curso quedando al Norte y Sur de él las vastísimas pampas con sus negruzcas colinas y tropas de guanacos, con toda la amplitud del horizonte (...) las mesetas o colinas son, como se ha dicho antes, un poco más altas y contiene muchas lagunas pequeñas, alimentadas por arroyuelos, muy incómodos para la marcha a caballo, pero en todas aquellas campean los rosados flamencos, variados patos y el elegante caiquén. Vimos también muchos queltehues (vanellus cayenmensis), una especie de pollitos de pico largo, llamados madrugadores" (...) (10)

Por la descripción y ubicación del paisaje, surgiría que el teniente Rogers está delineando la zona comprendida entre Glen Gross y Punta Alta, unos 80 km. antes del valle de Río Turbio.

El día 27 de Noviembre establecieron campamentos al pie de dos altos morros a los que dieron el nombre de Philippi y Domeyko, en memoria de un ex-gobemador de Magallanes y un científico chileno, denominaciones que luego incorporaría la toponimia argentina, conservándolas hasta nuestros días. Estos dos accidentes geográficos de origen volcánico, son dos características elevaciones de aproximadamente 100 metros de altura que emergen solitarios en una llanura, distantes entre sí unos 1.000 metros y que conforman una suerte de pórtico de la región de Rio Turbio.

Ascendieron a ambos morros, en cuyas cimas descubrieron sendos cráteres de unos 3 metros de diámetro y observaron desde esa altura el panorama que los circundaba y que Rogers recordó así:

"(...) se nos ofrecía un vasto horizonte, la pampa y sus numerosos lagunajos "quedaban por el SE y S; por el O y N elevadas colinas accidentadas, con quebradas profundas y laderas cubiertas de vegetación por muchos puntos, alzándose a la distancia los nevados Andes (...) las faldas del morro se hallaban cubiertas de variadas flores y en la atmósfera se mecían, haciendo círculos, numerosos cóndores". (11)

Reanudada la marcha, llegaron el día siguiente, 28, a Río Turbio, produciéndose el encuentro de Greenwood y Rogers que hemos referido.

A poco de salir del campamento de los morros atravesaron un extenso cementerio de guanacos, cuyas osamentas esparcidas en elevado número, hizo suponer a los viajeros que el rigor de algún pasado invierno habría sorprendido en esa pampa sin reparos a grandes tropillas de aquellos animales.

El encuentro con Greenwood se produjo a la entrada del valle de Río Turbio en circunstancias en que nuestro veterano explorador regresaba junto con un grupo de indígenas de una "cacería" de caballos salvajes, que abundaban en la región, y que recorrían libremente los llanos y sierras comprendidas entre río Turbio y el lago Argentino. Esa presencia de baguales llamó la atención de todos los viajeros que llegaron hasta la zona a fines del siglo pasado. Eran tropillas numerosísimas que se suponen originadas por la reproducción de yeguas escapadas a los indios y que se refugiaron originalmente en la sierra de los Baguales. Precisamente a esa razón responde este topónimo.

Cuando años después el marino argentino Carlos María Moyano realizó su expedición alrededor de la zona tropezó también con estas tropillas cerriles y refiriéndose a ellas dijo en su diario de viaje: (12)

"(...) los indios y algunos vecinos de Punta Arenas vienen casi anualmente a darles caza. Como animales de trabajo, una vez domesticados, son muy inferiores a todos los que conozco, se cansan fácilmente, pero cuando se trata de subir cualquier pendiente, por rápida que sea, aventajan a cualquier caballo de otra raza. Su talla no es muy grande y, aunque anchos de pecho, acusan en todas sus formas una raza degradada por falta de cruzamiento. Los colores más comunes son blanco y rosillo (...)".

Permanecieron Rogers e Ibar un par de días en Río Turbio con Greenwood quien luego los acompañó hasta la salida del valle, en dirección Norte donde se despidieron; allí prosiguieron su recorrido que los llevó hasta las nacientes del río Santa Cruz.


(9) ANUARIO HIDROGRAFICO DE CHILE - Vol. V - Santiago - 1879- Pág. 56.

(10) A.H.CH. Op. cit. Pág. 72.

(11) A.H.CH. Op. cit. Pág. 74.

(12) BOLETIN DEL INSTITUTO GEOGRAFICO ARGENTINO - Tomo IX, Cuaderno lV, Patagonia Austral. Exploración de los ríos Gallegos, Coyle, Santa Cruz y canales del Pacífico por el capitán de fragata Carlos M. Moyano. Abril 1888 - pág. 96 y 97.

 

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