Pioneros de Siempre

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LOS INMIGRANTES ITALIANOS

PRIMER CARGAMENTO DE CARBON

CAMPAMENTO MARINA

La partida 

Primavera italiana de 1948. Amanecía en Génova mientras por la Avenida Caricamento, cercano al mar avanzaba un ómnibus repleto de hombres en silencio. El sol ligur despertaba la policromía portuaria e iluminaba el almácigo de rutas que formaban las proas de las apretadas naves, del que surgían los colores argentinos, señalando la presencia del trasatlántico Río Santa Cruz.

Sobre las cabezas de los que partían revoloteaban crepitantes gaviotas, en un desperezo de alas que se agitaban en sustitución de ausentes pañuelos.

Aquellos hombres eran inmigrantes que se aprestaban a partir hacia un remoto destino: Río Turbio.

Casi sin hablar se ubicaron y distribuyeron abordo, obedeciendo las amables invitaciones de los marinos argentinos. Los enmudecía la incomunicación que da la tristeza cuando se dejan mujer, hijo y Patria, sin saber hasta cuándo. Les dijeron que pronto habrían de seguirles sus familiares; que primero había que construir las casas para el nuevo hogar, que en Río Turbio aún no había población estable ni pueblos cercanos; que debía hacerse aún casi todo; que ellos levantarían las paredes del nuevo pueblo en el que, para siempre, se reencontrarían con sus seres queridos en un ambiente de paz y trabajo.

El Río Santa Cruz zarpó en al media tarde del 22 de Abril de 1948. A su bordo los inmigrantes, entre nostálgicos y esperanzados, seguían pensando en la mujer, los hijos, la casa y en la paz y el trabajo prometidos que los aguardaba más allá de ese mar, más allá de 30 días y 30 noches.

Esta inmigración fue gestionada por una comisión, formada en Europa con representantes de los diversos Ministerios, y que tenía a su cargo la selección, según sus distintas especialidades, de quienes ofrecían sus servicios con miras a radicarse en la República Argentina.

La Dirección General de Combustibles Sólidos Minerales necesitaba, para sus planes futuros mano de obra permanente, arraigada en Río Turbio. Al mismo tiempo aspiraba a que el campamento minero, pudiera transformarse en una población estable con familias, con niños, escuelas, comercios, artesanía y ¿por qué no? con industrias; con miras a convertirla así, con el correr de los años, en una ciudad patagónica sobre la misma frontera, que no estuviera subordinada únicamente a la monoactividad carbonífera. Se pensó en la explotación futura del yacimiento, pero sin olvidar la Patagonia ni el país.

La Comisión Naval Argentina en Italia, en su colaboración con la Dirección General de Combustibles Sólidos Minerales y a través de la Direzione Regionale del Lavoro, con asiento en Génova, fue agrupando a los ciudadanos italianos deseosos de poblar Río Turbio y contribuir con su trabajo al desarrollo de la futura capital carbonífera argentina.

Una vez aprobadas las pruebas de salud y competencia, se les propuso a los postulantes trasladarlos gratuitamente hasta Río Turbio y, cuando se dispusiera de viviendas adecuadas en el lugar, entregarles pasajes también gratuitos a todos sus familiares directos.

De tal manera, para fines de Marzo de 1948 quedó integrado el primer contingente inmigratorio.

La tierra nueva

Otoño argentino de 1948. Era el 17 de mayo y, Buenos Aires iba creciendo a medida que se acercaba al puerto el Río Santa Cruz. El frescor de un pampero que sopló desde temprano, dio su bautismo americano a los inmigrantes parados en cubierta, curiosos por ver las puertas de la tierra nueva.

Fazi, Badioli, Belforte, Poggioli, Mantovani, Bertagna, Cinarelli, Marchetti, Apollonio, Marescalchi Fracassa, Aramini, Ciaruffoli... hombres nuevos para la tierra nueva.

Una vez desembarcados los recibieron en el Hotel de Inmigrantes, en Dársena Norte donde fueron alojados.

Durante tres días escucharon el rumor de la ciudad, de la que sólo divisaron a través de una pertinaz llovizna que la envolvía, esfumados perfiles de altos edificios y el resplandor de sus luces nocturnas.

Luego de reiteradas visitas de funcionarios de la Dirección General de Combustibles Sólidos Minerales, se resolvió el traslado de los inmigrantes a Río Gallegos mediante aviones de las Fuerzas Armadas. Fueron divididos en dos contingentes que llegaron a la capital santacruceña el 20 y el 23 de mayo, respectivamente.

El mismo día 23 a las 8 de la noche ambos grupos, en camiones de yacimiento Río Turbio y de la Guarnición Militar Local, emprendieron a través de la Ruta 293 la última etapa de viaje. Dadas las características de los vehículos y el mal estado del camino, el viaje fue lento e incómodo.

Llegaron, al fin, los inmigrantes al Campamento Central, pegado a la Mina 1 el 24 de mayo de 1948.

Fueron alojados en quonset (54) y dedicaron el primer día a ordenar sus menguadas pertenencias a las que se agregaban las que la Dirección General de Combustibles Sólidos Minerales les entregó.

Marzola, Leverani, Bussatto, Vicchi, Bassani, Giulliani, Accilli, Scarcambullo, Romitti, Galdofi Gronchi, Ricciardi, Cavalaglio, Inglesi...hombres nuevos para la tierra nueva.

Los habitantes del Campamento Central fueron creciendo en cantidad y febrilmente se construyeron casillas y locales con madera de la región. A fin de proporcionar asistencia espiritual a este grupo humano, se gestionó ante las autoridades eclesiásticas de Río Gallegos la designación de un sacerdote. Resultó elegido el Reverendo Padre Manuel Molina quien, con carácter de Capellán del Campamento, llegó a su destino en agosto de 1948. Fue así, el primer sacerdote de Río Turbio.

Primer cargamento de carbón

Una permanente preocupación de las autoridades de la Dirección General de Combustibles Sólidos y Minerales y de la Jefatura de Obras de Santa Cruz del Ministerio de Marina fue llevar el carbón de Río Turbio hasta el área del Río de la Plata. Era impostergable la necesidad de aliviar la escasez de combustibles, especialmente para la generación de energía eléctrica y vencer las distancias que separaban el yacimiento del futuro mercado consumidor. También era necesario destruir la imagen que sobre Río Turbio y su carbón se había elaborado en algunos sectores de opinión. Algunos incrédulos sostenían que la explotación de Río Turbio significaba un esfuerzo inútil, que el carbón extraído no podría utilizarse jamás por su mala calidad, que la distancia a recorrer para su transporte no justificaba el mismo por el inferior valor del producto. Hasta hubo quien afirmó que en Río Turbio no se extraía carbón por que no existía y que se trataba de una simple turbera.

Aquellos problemas de política nacional obligaban a decidir cuanto antes el embarque del carbón, colocarlo en Buenos Aires y además, utilizarlo.

La Jefatura de Obras de Santa Cruz y la Dirección General de Combustibles Sólidos Minerales iniciaron tratativas con la Compañía Naviera y Comercial Pérez Compano S.A. cuyas consecuencias fueron el contrato de la motonave Santa María de Luján para realizar el primer transporte de carbón a Buenos Aires. (55)

Se acopió el producto en las playas de Río Gallegos y a la llegada del buque se aprovechó la enseñanza de las operaciones de desembarco de la última guerra; la nave varó de proa en playa, abrió sus compuertas, bajó la rampa de proa y la carga se realizó mediante camiones volcadores y pequeñas vagonetas movidas por guinches que se introducían hasta la bodega. Una vez cargado, el buque zarpó con destino a Buenos Aires.

El día 1o de octubre de 1948 a las 10 de la mañana, el Santa María de Luján amarró al espigón 5, dársena E. Puerto Nuevo y comenzó de inmediato el desembarco de las 1.600 toneladas de carbón procedente del yacimiento Río Turbio.

El arribo del cargamento dio lugar a una ceremonia a la que concurrieron ministros de la Nación, secretarios de Estado y otras altas autoridades civiles y militares, así como una delegación estudiantil en representación de las Escuelas Técnicas.

En el acto pronunciaron sendos discursos el Secretario de Estado de Industria y Comercio de la Nación señor José C. Barro y el Director General de La Dirección General de Combustibles Sólidos Minerales contralmirante (RE) Bautista Frola.


(54) Barracas de techos semicilíndricos, cuyo primer uso lo hicieron las tropas norteamericanas en la segunda guerra mundial.

(55) El Santa María de Luján era un ex-buque de desembarco de tanques (BDT) norteamericano de la segunda guerra mundial.

 

Comentarios   

#1 Tanja 14-04-2017 14:22
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