Pioneros de Siempre

Hasta la luna, encaprichada en quedarse un rato más, estaba helada en esa mañana de diciembre de 1959.

En la estepa patagónica los funcionarios del gobierno santacruceño zapateaban a destiempo y refugiaban sus manos en una hermandad enguantada.

“Lo que faltaba” dijo el Gogo Pérez Gallart “empezó a chispear” y miró sin verlo al entrerriano Cástulo Paradelo, por entonces y por siempre el primer gobernador de la flamante provincia de Santa Cruz.

La muy cercana mina carbonífera de Río Turbio había sido blindada por la sinrazón de unos milicos y civiles nazis. Mala gente los nazis del carbón.

Los 80 ejemplares de “El País” de Río Gallegos debían ser arrojados, día a día desde una avioneta provincial arrolladitos y sujetados por una bandita elástica.

Los nazis de Río Turbio odiaban a “El País”.

Los 70 mineros tucumanos que iniciaron una protesta debieron escaparse para evitar la cárcel tan fría como esa mañana de fundación de un pueblo bien cerca de Río Turbio, pero no tan cerca como para que los militares y civiles nazi pudiesen ejercer su bestialidad.

Además del “Gogo” acompañaron a Don Cástulo el ministro de Gobierno, de apellido Mauriño siempre peinado a la gomina y usando lentes oscuros; el diputado Ciselli que tenía una muy apetecida hija; el conserva- dor y pintón Horacio Agulla; el radicheta Guerrero; Pedro Zuanich por el diario “La Prensa” de Buenos Aires y un cronista muy joven de “El País”, diario de Río Gallegos que odiaban los nazis pero adoraban los 70 tucumanos y 1.930 personas más. Los 2000 ejemplares de El País se agotaban todos los días a las 11 de la mañana. Sorpresivamente en el Archivo de la Provincia NO se registra EJEMPLAR ALGUNO de “El País”. Como que nunca hubiese existido. Si bien han pasado 55 años desde entonces, creo que este olvido es muy sospechoso.

Aparecer en la columna “Buenos Días” (que redactaba el director, José Oscar Arverás) era entrar en estado de gracia y sentirse héroe por esas 24 horas de gloria.

Donde hoy está el mástil de la Plaza de 28 de Noviembre se cavó un pozo de metro y medio de hondo y allí fue a parar la piedra fundacional.

Y el cuerpo del joven cronista de “El País” que resbaló en la tierra humedecida por la nevada. Se escucharon aplausos y mientras ayudaban al caído a volver a la superficie alguien pidió que el accidente salga publicado en el diario, junto a la nota de la fundación.

Algunos fantasiosos aseguran que aún está allí el alma de “El Polaco” como muchos llamaban al joven cronista del diario “El País”.

Y los más mentirosos agregan que los días de viento del Este el alma de “El Polaco” se monta a la crueldad de la ráfaga, cruza los finales de Los Andes y aterriza en Punta Arenas. Allí vuelve a encontrarse con el espíritu del gran amor de su vida. Esa hermosa mujer que murió de lupus y no hubo vientos que dejasen de llorar.

Mario Marazzi – diciembre 2015


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