Pioneros de Siempre

b_200_277_16777215_00_images_Articulos_a_los_principios_yamila.jpg Simplemente soltó sus manos,
tan normal como un misterio.
Sedujo vértigos,
y coqueteó muerte.
Dejó que el eco peinara su piel
sobre una alfombra de aire.
Invitó a la vida a peregrinar
las venas en fogata de sangre.
Gritó ser una gaviota, sin metáforas
mientras dibujaba tactos al viento.
Imprevisible como esperada,
danzó sobre una laguna sin tiempo,
ahogó la aceitada luna en el talón del mar
sin nunca cansarse del ave fénix de la noche.
Luego, estremecida de instantes,
cual sísmica hoja en el desmayo del roció,
volvió a la tierra de mis manos
aromada de puerto como una gaviota azul,
besándome con locura intacta,
para darme el infalible valor
de mi volcánico corazón en su presencia,
ante una mujer con gusto a muerte.
  Pedro Nicolás Carrizo

 

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