Pioneros de Siempre

Torpe, torpe malestar sin poder pegar un ojo. Soy único testigo de mis propias vigilias. ¡Dios, OH suprema incomodidad! No es locura lo que les relataré; quiero purificar mis conflictos encontrados entre sí: desde hace tiempo pertenezco a la gran cadena de las criaturas nocturnas. –Así es, amigos, la luna y algunas estrellas fueron y serán mis soles. Y la muerte mi horizonte, la meta y el premio a perseguir y alguna vez ganar.

Soy un errante de la oscuridad, como tantos otros, soy inmortal, pertenezco un pueblo de imperdurables… pero tenemos nuestro talón de Aquiles: con frecuencia padecemos de gripes y catarros.

Desde muy chico empujado por mis padres, me alisté en la “hermandad de los que no duermen de día”; reconozco a regañadientes que fuimos una secta de fanáticos desaforados. Nuestro lema y bandera rezaba lo siguiente: “ojo con las siestas”.

Es bastante duro, sobre todo para mí, ver pasar los siglos por la noche.

Mucho mas irritante verlos de día, en la celda de mi secta. Incomodidad maldita si las hay, no le desearía ni a mi mejor enemigo. –Y pensar que los humanos buscan desesperados alargar sus entretenidas vidas, solo por un poco de inmortalidad. ¡Si supieran!

Nací en el mismo año que nació Bel, el dios supremo de los babilonios, en el mismo mes que lo hizo por “motu proprio” Zeus, el dios de los griegos, y como si fuera poco, el mismo día en que parieron a Baal, el dios de los fenicios. -¿desbordante coincidencia? – ¡OH, no! –es mas complejo, y lo complicado a veces tiene forma de confesión, y en mi religión confesarse no tiene reconocimiento, ni penitencia que cumplir. Después de esta caótica introducción, les contaré cómo, dentro de mis vigilias comencé a “despertar”

En los tiempos en que la gran mayoría de los habitantes de la vieja Europa creían que la tierra era plana, los mas audaces aseguraban que simplemente era cuadrada. Desperté sin querer. -¿cómo? –mas de uno se preguntará intrigado. Si mi condición de inmortal es nocturna. Y yo mismo me acuso desde mi temprana niñez por pertenecer a la hermandad de los insomnes de día. En estas condiciones, rayanas e ilustradas en la locura, desperté…sí señores, y lo hice sin querer. –al principio fueron sorpresivos y desordenados, sin respeto a mis horarios y humildes costumbres. Tuve problemas familiares; y en La Hermandad, los radicales de siempre me declararon la guerra.

Gracias a las enseñanzas del tiempo, que siempre presenta diferentes opciones y formas de cicatrizar rencillas y heridas con lo que, logré dificultosamente dominar y someter a mi voluntad, este brote curioso por despertar.

Una vez dominado el brote, enderecé mis despertares hacia los lugares y sucesos históricos que por alguna razón de tiempo y espacio no pude presenciar. Son los siguientes, hay muchos más pero, voy a contar nada más que tres:

Desperté en Creta Minoica para saborear la fina adrenalina que producía el paseo por el laberinto. Sepan que esta construcción, tan famosa era solo un vulgar parque de diversiones, aunque bastante lascivo… sobre todo por parte del Minotauro.

Después me coloqué en un sitio que consideré preciso, puse mis manos sobre la mesa, cerré los ojos muy fuertemente y desperté  para conocer a un poeta alemán llamado Ángelus Silesius , se esforzaba en la poesía mística -¿qué puede decir de éste hombre?... ¡Un aburrido!

Por último quise conocer a los iberos, el pueblo más antiguo de Europa occidental… pero ellos no quisieron conocerme a mí. -¡En fin!

¡Vamos cambien esas caras! Soy alguien que sin dormir, se despierta. ¡Lo soy y para siempre! Sino están totalmente de acuerdo con este rodeo, los invito a sugerir reparos y opiniones, que ayudaran a desatar este nudo que oprime grotescamente mi pobre condición-


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